El escritor murió el año pasado a los 91 años y su reclusión y hermetismo le convirtieron en un mito. Mucho se publicó y especuló acerca de él. Su propia hija lo describió en una biografía como una persona extraña y egocéntrica.
Se negó a las adaptaciones cinematográficas y denunció al autor sueco que decidió homenajear a Holden y finalmente venció a medias.
Si viajamos a Nueva York podemos seguir los pasos de Holden porque una ruta literaria nos los permitirá.
La propuesta de Toni Solano ha interesado mucho a mis alumnos de 2º de ESO. Aún me maravilla ver cómo sus rostros cambian poquito a poco cuando leen poesía. Ya nunca serán los mismos. Les entró el veneno de la palabra, además la versión musical me permite que el flamenco y Enrique Morente empiecen a ocupar su sitio.
La aurora de Nueva York tiene cuatro columnas de cieno y un huracán de negras palomas que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime por las inmensas escaleras buscando entre las aristas nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca porque allí no hay mañana ni esperanza posible: a veces las monedas en enjambres furiosos taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos que no habrá paraísos ni amores deshojados; saben que van al cieno de números y leyes, a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos en impúdico reto de ciencia sin raíces. por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre.
La propuesta de Toni Solano ha interesado mucho a mis alumnos de 2º de ESO. Aún me maravilla ver cómo sus rostros cambian poquito a poco cuando leen poesía. Ya nunca serán los mismos. Les entró el veneno de la palabra, además la versión musical me permite que el flamenco y Enrique Morente empiecen a ocupar su sitio.
La aurora de Nueva York tiene cuatro columnas de cieno y un huracán de negras palomas que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime por las inmensas escaleras buscando entre las aristas nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca porque allí no hay mañana ni esperanza posible: a veces las monedas en enjambres furiosos taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos que no habrá paraísos ni amores deshojados; saben que van al cieno de números y leyes, a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos en impúdico reto de ciencia sin raíces. por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre.