Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros. (Adolfo Bioy Casares)
Lengua
lunes, 21 de noviembre de 2016
martes, 15 de noviembre de 2016
El Cid.
Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador fue un noble español que luchó durante el siglo XI contra los musulmanes.
Actividad interactiva sobre el Cid.
El CID CAMPEADOR.
Literatura medieval.
lunes, 14 de noviembre de 2016
La superluna. 14 de noviembre de 2016
Actividades propuestas
- Fotografiar la luna.
- Seleccionar canciones, películas y poemas relacionados con la luna.
- Seleccionar fragmentos extraídos de textos científicos.
- Crear un vídeo que incluya diferentes elementos: imagen, texto y música.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
martes, 1 de noviembre de 2016
Medio pan y un libro.
Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.
"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.
Día de la Biblioteca
Tarea de comprensión lectora y expresión escrita.
Leed el texto atentamente, disfrutad del mensaje y contestad las preguntas que aparecen al final.
Pregón del Día de la Biblioteca (por Laura Gallego):
Érase una vez un viajero que llegó desde un lugar lejano a un
pueblo en el que no había libros. Se sentó a descansar en la plaza mayor y sacó
de su morral un viejo volumen de cuentos. Cuando empezó a leer en voz alta, los
niños, que nunca habían visto nada semejante, se sentaron a su alrededor para
escucharlo.
El visitante relató historias que fascinaron a sus oyentes y les
hicieron soñar con fantásticas aventuras en reinos maravillosos. Cuando
terminó, cerró el libro para volver a guardarlo en su morral. Nadie se percató
de que, al hacerlo, escapaban de entre sus páginas algunas palabras sueltas que
cayeron al suelo.
El viajero se marchó por donde había venido; tiempo después, los
habitantes del pueblo descubrieron el pequeño brote que elevaba sus temblorosas
hojitas hacia el sol, en el lugar en el que habían caído las palabras perdidas.
Todos asistieron asombrados al crecimiento de un árbol como no
se había visto otro. Cuando llegó la primavera, el árbol exhibió con orgullo
unas hermosas flores de pétalos de papel. Y, con los primeros compases del
verano, dio fruto por primera vez.
Y sus ramas se cuajaron de libros de todas clases. Libros de
aventuras, de misterio, de terror, de historias de tiempos pasados, presentes y
futuros. Algunos se atrevieron a coger esos frutos, y había un sabio en el
lugar que les enseñó a leer para poder disfrutarlos.
A veces, la brisa soplaba y sacudía las ramas del árbol. Las
hojas de los libros se agitaban y dejaban caer nuevas palabras. Y pronto hubo
más brotes por todo el pueblo; y en apenas un par de años, los árboles-libro
estaban por todas partes.
Se corrió la voz; muchos investigadores, curiosos y turistas
pasaron por allí para conocer el lugar donde los libros crecían en los árboles.
Los habitantes del pueblo leían sus páginas con fruición, y cuidaban cada brote
con gran mimo. Y así iban recogiendo más y más historias con cada nueva cosecha
de libros.
Un día, los más sabios del lugar se reunieron y acordaron compartir
su tesoro con el resto del mundo. Eligieron a un grupo de jóvenes y los
animaron a escoger un libro del primer árbol que había crecido en el pueblo.
Después, los enviaron a recorrer los caminos.
Ellos se repartieron por el mundo, buscando un hogar para su
preciada carga, y así, con el tiempo, cada uno dejó su libro en una biblioteca
diferente.
Y cuenta la historia que allí siguen todavía. Que hay algunas
bibliotecas que guardan entre sus estantes un libro especial que deja caer
palabras-semilla. Y que, si aterrizan en el lugar adecuado, cada una de esas
palabras crecerá hasta convertirse en un árbol que dará como fruto nuevos
libros.
Nadie sabe en qué bibliotecas se encuentran estos libros
maravillosos. Se desconoce también cuáles, de entre todos sus volúmenes, son
los que proceden del pueblo donde los libros crecen en los árboles. Podría ser
cualquiera, y podría estar escondido en cualquier rincón de cualquier
biblioteca del planeta.
Animaos a entrar en ellas y a explorar sus estanterías,
viajeros; porque quizá deis por casualidad con un libro cuyas palabras echen
raíces en vuestro corazón y hagan crecer un magnífico árbol de historias cuyas
semillas puedan llegar a cambiar el mundo.
¡Feliz día de la biblioteca!
Laura Gallego
PREGUNTAS
Mínimo tres líneas por pregunta, evitad los verbos comodín, revisad la ortografía y presentación.
1.¿ Quién llegó al pueblo? ¿ qué dejó en él cuando se marchó?
2. Los jóvenes del pueblo viajan por el mundo ¿ qué tesoro llevan? ¿ a dónde?
3. Subraya en el texto lo que consideres más importante y copia las diez palabras esenciales.
4. ¿ Quién narra la historia? ¿ con qué objetivo?
6. ¿ Qué frutos mágicos nacieron del árbol? ¿ eran todos iguales?
7. ¿ Has visitado la biblioteca municipal? ¿ qué tipo libro-semilla te gustaría encontrar? ¿por qué motivo?
8. Expresión escrita. Escribe un cuento protagonizado por libros o lectores ( 150 palabras)
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